{"id":212,"date":"1999-08-17T16:16:20","date_gmt":"1999-08-17T14:16:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.menschenrechte.org\/es\/?p=212"},"modified":"2019-02-20T16:17:24","modified_gmt":"2019-02-20T15:17:24","slug":"verdad-justicia-y-reconciliacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.menschenrechte.org\/es\/1999\/08\/17\/verdad-justicia-y-reconciliacion\/","title":{"rendered":"Verdad, Justicia y Reconciliaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>por Carlos Mart\u00ed\u00adn Beristain<\/strong><\/p>\n<p><em>El papel de la verdad y la justicia en la reconstrucci\u00f3n de sociedades fracturadas por la violencia<\/em><\/p>\n<h2>Justicia, verdad y Reconciliaci\u00f3n<\/h2>\n<p>Tras la finalizaci\u00f3n de conflictos o dictaduras, muchas sociedades se han planteado la necesidad de conocer el pasado, para dar voz a las v\u00ed\u00adctimas cuya experiencia hab\u00ed\u00ada sido silenciada o manipulada y para que la sociedad entera, una buena parte de la cual hab\u00ed\u00ada vivido al margen de esas atrocidades, reconociera lo que hab\u00ed\u00ada sucedido. Ese trabajo ha sido oficialmente encargado a Comisiones de la Verdad que ten\u00ed\u00adan que llevar adelante una investigaci\u00f3n veraz sobre los hechos y un reconocimiento a las v\u00ed\u00adctimas, proponiendo tambi\u00e9n formas de reparaci\u00f3n o de prevenci\u00f3n de las atrocidades en el futuro.<\/p>\n<p>Los detractores de esos procesos, quienes han tenido graves responsabilidades en la violencia contra la poblaci\u00f3n civil y, en general, la historia oficial de muchos pa\u00ed\u00adses, ha tratado de promover el reparto de responsabilidades entre todos, y recetar el olvido como la f\u00f3rmula para la reconstrucci\u00f3n. Sin embargo, la experiencia indica que es la amnesia la que hace que la historia se repita y que se repita como pesadilla. La buena memoria permite aprender del pasado, porque el \u00fanico sentido que tiene la recuperaci\u00f3n del pasado es que sirva para la transformaci\u00f3n de la vida presente (Galeano, 1996).<\/p>\n<p>El primer obst\u00e1culo para la reconciliaci\u00f3n es que la gente no puede reconciliarse con sus experiencias, si no puede compartirlas con otros y darles una dimensi\u00f3n social no puede hacerlas parte de su vida.<\/p>\n<p>Para las v\u00ed\u00adctimas y familiares el conocimiento de la verdad es una de las principales motivaciones. Esa demanda impl\u00ed\u00adcita de dignificaci\u00f3n est\u00e1 muy ligada al reconocimiento de la injusticia de los hechos y a la reivindicaci\u00f3n de las v\u00ed\u00adctimas y los familiares como<\/p>\n<p>personas cuya dignidad trat\u00f3 de ser arrebatada.<\/p>\n<p>Romper el silencio de los hechos, hablar de la experiencia, por amarga o dolorosa que sea, es descubrir la esperanza de que esas palabras quiz\u00e1s<\/p>\n<p>sean o\u00ed\u00addas y luego, una vez o\u00ed\u00addas, juzgados los hechos. Todo eso implica que para mejorar la situaci\u00f3n de las v\u00ed\u00adctimas y, dado el impacto de la violencia el propio clima social del pa\u00ed\u00ads, se necesita asumir la verdad, luchar contra la impunidad y apoyar a los sobrevivientes.<\/p>\n<p>Otras muchas personas piden justicia y castigo a los culpables (que en ocasiones son victimarios conocidos en las comunidades). El \u00e1nimo de venganza no ayuda a la reconstrucci\u00f3n del tejido social, pero la convivencia con los victimarios puede seguir siendo un problema importante cuando no se hace justicia y adem\u00e1s, muchos de ellos pueden haber sacado ventaja social de su poder (dinero, tierra, etc.). En la demanda de justicia hay por tanto impl\u00ed\u00adcita una demanda de lograr unas nuevas bases para la convivencia que no est\u00e9n fundadas en la posesi\u00f3n de las armas o el poder de coacci\u00f3n.<\/p>\n<h2>\u00bfC\u00f3mo se reconcilia un pa\u00ed\u00ads con su realidad?<\/h2>\n<p>El problema no es que la memoria nos lleve a vivir mirando hacia atr\u00e1s. Es precisamente al rev\u00e9s. Si la historia se convierte en pesadilla se debe a que el pasado se obstina en no serlo. La &#8220;elaboraci\u00f3n&#8221; del trauma supone reconocer que ha quedado atr\u00e1s, sustituir la simultaneidad psicol\u00f3gica por una secuencia pasado-presente, ir desalojando poco a poco el lastre del agravio y el resentimiento que nos mantiene apegados a un ayer interminable. Pero para ello es necesario el recuerdo colectivo como una forma de reconocer que los hechos ocurrieron, que fue injusto y que no se debe repetir.<\/p>\n<p>Pero existen al menos dos verdades: una factual y otra moral, la verdad de las narraciones que cuentan lo que ocurri\u00f3 y la de las narraciones que intentan explicar por qu\u00e9 y a causa de qui\u00e9n. La primera supone un proceso de investigaci\u00f3n del pasado y la publicaci\u00f3n de los hechos, los responsables y la memoria de las v\u00ed\u00adctimas. La segunda requiere de todo un proceso social, educativo y pol\u00ed\u00adtico para hacer &#8220;calar&#8221; esa verdad.<\/p>\n<p>A pesar de las demandas de las propias v\u00ed\u00adctimas para conocer la verdad, enfrentar los hechos y pedir responsabilidades, frecuentemente desde el estado se plantea la impunidad como el \u00fanico horizonte posible. Sin embargo, la impunidad no es inevitable . Adem\u00e1s existen otras formas de sanci\u00f3n social que pueden ayudar a la reconstrucci\u00f3n tales como la separaci\u00f3n de cargos, eliminaci\u00f3n de prerrogativas, inhabilitaci\u00f3n para ejercer cargos p\u00fablicos, etc. para eliminar el poder de los responsables, promover un nuevo espacio social para la reconstrucci\u00f3n y evitar los falsos procesos de reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Ignatieff (1999), cuando falta la justicia la verdad se niega f\u00e1cilmente. Aunque sea sobre casos concretos o personas determinadas, la investigaci\u00f3n de las hechos y la sanci\u00f3n posterior supone una prueba que no se puede negar. Pero la justicia no siempre facilita la reconciliaci\u00f3n por parte de los verdugos. \u00ed\u2030stos reaccionan frecuentemente justificando sus acciones e incluso amenazando a la sociedad. Sin embargo, lo peor ser\u00ed\u00ada dejar sin castigo los cr\u00ed\u00admenes, si no se rompe el c\u00ed\u00adrculo de la impunidad las sociedades tienen libre el terreno para entregarse a la negaci\u00f3n. La impunidad ayuda a los que tienen el poder a imponer una versi\u00f3n de la historia y un orden social de acuerdo a sus propios intereses.<\/p>\n<h2>Los mecanismos de la crueldad<\/h2>\n<p>Seg\u00fan Hannah Arendt, la terrible originalidad de los totalitarismos no se debe a que alguna &#8220;idea&#8221; nueva haya entrado en el mundo, sino al hecho de que sus acciones rompen con todas nuestras tradiciones, han pulverizado literalmente nuestras categor\u00ed\u00adas de pensamiento pol\u00ed\u00adtico y nuestros criterios de juicio moral. Entender el totalitarismo no significa perdonar nada, sino reconciliarnos con un mundo en el que cosas como \u00e9stas son posibles.<\/p>\n<p>En muchos contextos de guerra y represi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica los mecanismos que hacen posible el horror est\u00e1 el sistema de formaci\u00f3n de cuerpos militares, la formaci\u00f3n de grupos paramilitares, un entrenamiento en la obediencia, fuerte control de grupo y complicidad en las atrocidades, y deshumanizaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n civil, o la participaci\u00f3n en atrocidades de los grupos insurgentes (rigidez ideol\u00f3gica, insensibilizaci\u00f3n frente al sufrimiento, oposici\u00f3n convertida en enemigo, etc.).<\/p>\n<p>Estos sistemas y din\u00e1micas del conflicto armado explican en gran medida el car\u00e1cter tan destructivo que ha tenido en muchos lugares la represi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, pero tambi\u00e9n se manifiesta posteriormente en numerosas formas de violencia en las postguerras ya que, todav\u00ed\u00ada una parte de esa redes se mantienen intactas (Guatemala, El Salvador). La memoria de las atrocidades es tambi\u00e9n una parte de la prevenci\u00f3n de la violencia en el futuro. Del desmantelamiento de los mecanismos que han hecho posible el horror depende en gran medida que no se repita la tragedia.<\/p>\n<h2>La justicia para rehabilitar a los victimarios<\/h2>\n<p>La justicia puede hacer tambi\u00e9n que muchos responsables de la violencia contra la gente salden cuentas con su pasado. La posibilidad de dar sus testimonios bajo condiciones de seguridad y confianza, de reconocer la dignidad de las v\u00ed\u00adctimas y participar en actividades de reparaci\u00f3n social a los sobrevivientes, as\u00ed\u00ad como someterse a la sanci\u00f3n social, son elementos clave para la reestructuraci\u00f3n \u00e9tica y la reintegraci\u00f3n social de los victimarios.<\/p>\n<p>Pero, a pesar de todas las dificultades, la experiencia de otros pa\u00ed\u00adses muestra c\u00f3mo poco a poco se abren agujeros en ese muro de silencio. En 1995, en Argentina, el capit\u00e1n Alfredo Scilingo que ya no pod\u00ed\u00ada dormir sin alcohol o psicof\u00e1rmacos decidi\u00f3 hacer una confesi\u00f3n p\u00fablica, diciendo que hab\u00ed\u00ada echado al mar a treinta personas, y denunci\u00f3 que en aquellos a\u00f1os hab\u00ed\u00adan sido entre mil quinientos y dos mil los prisioneros pol\u00ed\u00adticos que la Marina argentina hab\u00ed\u00ada tirado al mar. A mediados de 1998 el dictador argentino Jorge Videla fue a parar a la c\u00e1rcel. No fue castigado por genocidio sino por el robo de ni\u00f1os nacidos en los campos de concentraci\u00f3n de las mujeres detenidas y que poco despu\u00e9s de dar a luz ser\u00ed\u00adan asesinadas.<\/p>\n<p>Nada de esto, ni la crisis de Scilingo ni la investigaci\u00f3n sobre el robo de beb\u00e9s, hubieran salido adelante sin los movimientos sociales y las personas que han estado comprometidas y obstinadas durante a\u00f1os en la denuncia y la lucha contra la impunidad. La memoria de las madres y abuelas ha constituido aquello que Canetti llam\u00f3 un cristal de la masa, es decir un peque\u00f1o grupo perseverante que ha mantenido viva esa memoria. Gracias a esos grupos, la memoria puede convertirse en algunas ocasiones en una memoria abierta, en una masa en red que atrae a todos hacia el sentido de justicia.<\/p>\n<h2>La impunidad como obst\u00e1culo para la reconciliaci\u00f3n<\/h2>\n<p>La impunidad es un obst\u00e1culo para la reconciliaci\u00f3n, a pesar de que muchas veces se plantea que es el precio de la paz. Por regla general, los gobiernos civiles, que han sucedido a las dictaduras militares en Am\u00e9rica Latina, se est\u00e1n limitando a administrar la injusticia, defraudando las esperanzas de cambio. Las leyes de la impunidad, obediencia debida, amnist\u00ed\u00ada, etc. est\u00e1n todas cortadas con la misma tijera. La sociedad enferma de miedo, dolor y desaliento necesita de una nueva vitalidad que la democracia prometi\u00f3 y no puso o no ha sabido dar (Galeano, 1998).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad las dictaduras han dejado su lastre al futuro. Seg\u00fan Sveass (1995) algunos de esos efectos de la impunidad son:<\/p>\n<p>Amenaza la creencia en una sociedad democr\u00e1tica y es una continuaci\u00f3n de la opresi\u00f3n y falta de libertad. La imposibilidad de investigar y sancionar a los responsables de las violaciones y el rechazo a la demanda de justicia crea dudas y miedo respecto a las propias ideas de democracia.<\/p>\n<p>Confunde y crea ambig\u00fcedad social. Falta de respeto a la \u00e9tica y a la justicia. La impunidad destruye la posibilidad de reconstruir una relaci\u00f3n \u00e9tica entre la gente. La mentira y la negaci\u00f3n son institucionalizadas y defendidas por la justicia del pa\u00ed\u00ads. Por una parte se dice que se lucha contra la violencia pero se protege a quienes la han ejercido y siguen teniendo poder de coacci\u00f3n.<\/p>\n<p>La impunidad hace que la gente busque la justicia por su cuenta. Cuando no hay justicia, la gente puede ver que la ley no va a dar repuesta a sus problemas y pasar a justificar o llevar a cabo venganzas privadas.<\/p>\n<p>La impunidad estimula el delito. La democracia paga las consecuencias, convivir con las formas de justificaci\u00f3n de la violencia y los mecanismos de control social que perduran. La impunidad supone un mecanismo educativo que rompe las normas de convivencia y genera frecuentemente un refuerzo de las respuestas autoritarias que limitan las libertades.<\/p>\n<p>La falta de una verificaci\u00f3n oficial introduce dudas y escepticismo respecto a los testimonios recogidos. Reduce las posibilidades de un duelo colectivo. Al no hablar y no verificar hace que se mantengan los traumas colectivos, creando una barrera entre grupos de la misma sociedad. El proceso de reconstrucci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n se vuelve mucho m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil.<\/p>\n<h2>\u00bfPara qu\u00e9 sirven los juicios?<\/h2>\n<p>Las guerras modernas que buscan ganar control sobre el tejido social como una manera de destruir al enemigo, separan frecuentemente a los agresores de la verdad de sus propios actos porque los asesinatos, masacres o desplazamientos masivos eliminan a las v\u00ed\u00adctimas y regalan a los vencedores una verdad indiscutible. No hay nadie que recuerde a los vencedores que esas casas tuvieron otros due\u00f1os o que en esa tierra otros enterraron a sus muertos. La victoria encierra al vencedor en un olvido que le libra de la verg\u00fcenza y el remordimiento, sentimientos imprescindible para encontrarse con la verdad (Ignatieff, 1998).<\/p>\n<p>El objetivo de los tribunales es individualizar las responsabilidades dado que no se puede traspasar la culpa a las colectividades. Los juicios ayudan a convertir la culpa en verg\u00fcenza puesto que la hacen p\u00fablica y suponen una sanci\u00f3n moral sobre los hechos y sus responsables. Sin embargo, en muchos lugares los sistemas judiciales no ofrecen garant\u00ed\u00adas m\u00ed\u00adnimas y la impunidad se disfraza de burocracia y argucias legales. Todo ello supone un largo y dif\u00ed\u00adcil camino para obtener un reconocimiento de los hechos y una sanci\u00f3n social basada en la justicia. Sin embargo, de la presi\u00f3n social y pol\u00ed\u00adtica y de la adecuada conducci\u00f3n legal de esos procesos, depende que se vayan abriendo grietas en el muro de la impunidad al que se enfrentan muchos pa\u00ed\u00adses.<\/p>\n<p>La importancia de los juicios puede evaluarse en varios niveles:<\/p>\n<p>Legal. Los responsables reciben una justa sentencia.<\/p>\n<p>Moral, ya que es una demostraci\u00f3n que la justicia es un principio v\u00e1lido (la diferencia entre el bien y el mal es restaurada por la postura p\u00fablica oficial).<\/p>\n<p>Sobre la Verdad. Hay una confirmaci\u00f3n p\u00fablica de las violaciones. Se da la posibilidad de una historia com\u00fan. Puede empezar un nuevo proceso para una verdadera rehabilitaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los juicios son rituales p\u00fablicos, ritos de paso de la dictadura a la democracia.<\/p>\n<p>Algunos juicios ponen de manifiesto una crisis de legitimidad que conlleva cambios legales y pol\u00ed\u00adticos .<\/p>\n<h2>Reconstruir el tejido social: Justicia para la convivencia<\/h2>\n<p>En algunos pa\u00ed\u00adses la violencia pol\u00ed\u00adtica afect\u00f3 tambi\u00e9n al tejido comunitario, especialmente en las \u00e1reas rurales donde se produjeron efectos muy importantes en la estructura social de las comunidades, las relaciones de poder y la cultura. La justicia se enfrenta aqu\u00ed\u00ad a su papel para reconstruir las normas b\u00e1sicas de convivencia y el respeto a los derechos humanos.<\/p>\n<p>Sin embargo, la justicia no mira s\u00f3lo a los hechos pasados sino tambi\u00e9n a las amenazas que comprometen el futuro (problemas de tierra, desarraigo de los desplazados, reintegraci\u00f3n de poblaci\u00f3n civil y ex-combatientes, y la desmilitarizaci\u00f3n). Por otra parte, en muchos pa\u00ed\u00adses, la impunidad y la educaci\u00f3n en la violencia que se ha dado con el reclutamiento forzoso y la actuaci\u00f3n paramilitar o guerrillera, pueden suponer un recrudecimiento de la violencia social.<\/p>\n<p>Esto muestra que a pesar de la finalizaci\u00f3n del conflicto armado, las consecuencias de la guerra se manifiestan a largo plazo y amenazan el futuro de la convivencia, situando en primera l\u00ed\u00adnea de la agenda de la paz la importancia de acabar con la impunidad y la necesidad de enfrentar los problemas sociales que est\u00e1n en la base del conflicto.<\/p>\n<h2>Atenci\u00f3n a los procesos locales<\/h2>\n<p>Muchos de esos procesos pueden ser muy diferentes seg\u00fan los lugares e historias locales del conflicto. Cuando en el proyecto Recuperaci\u00f3n de la Memoria Hist\u00f3rica, REMHI (ODHAG, Guatemala) se empezaron a recoger testimonios en la comunidad de Chicoj, mucha gente quiso dar a conocer su historia de forma p\u00fablica, pero tambi\u00e9n compartirla con otras comunidades con las que se encontraban enfrentadas o distantes a consecuencia de la guerra, como una forma de hacer un proceso de reconciliaci\u00f3n local. En otros lugares, hablar de lo que pas\u00f3 llev\u00f3 tambi\u00e9n a denunciar cementerios clandestinos, a realizar ceremonias como en Sahakok (Alta Verapaz), en donde los ancianos so\u00f1aron una cruz en lo alto del cerro donde hab\u00ed\u00adan quedado sin enterrar tantos de sus hermanos. Veintiocho comunidades se organizaron para llevar a cabo ese sue\u00f1o. En la monta\u00f1a, adem\u00e1s de sus restos, quedaron escritos entonces los nombres de novecientas diecis\u00e9is personas que la gente hab\u00ed\u00ada ido recogiendo. La cruz en lo alto de la monta\u00f1a no es s\u00f3lo un recuerdo de los muertos sino una sanci\u00f3n moral contra las atrocidades.<\/p>\n<p>Para muchas personas ese recuerdo supone tambi\u00e9n una forma de conciencia social y un est\u00ed\u00admulo para su vida. Esas formas de recuerdo colectivo no son s\u00f3lo procesos privados o de peque\u00f1os grupos. En la medida en que conquisten el espacio p\u00fablico, pueden ayudar a una sociedad a desprenderse de las formas de respuesta atadas a la espiral de la violencia.<\/p>\n<h2>Reparaci\u00f3n. Mitigar el da\u00f1o<\/h2>\n<p>Para la reconstrucci\u00f3n del tejido social no vale s\u00f3lo asumir la verdad, sino que tambi\u00e9n se necesita medidas activas que ayuden a mejorar la situaci\u00f3n de las v\u00ed\u00adctimas, mitigar el da\u00f1o y proporcionar un resarcimiento econ\u00f3mico y moral. Habitualmente se habla de &#8220;reparaci\u00f3n psicosocial&#8221; con diferentes orientaciones: compensaciones econ\u00f3micas y educativas, proyectos de desarrollo, conmemoraciones y monumentos, etc. Sin embargo, la primera forma de resarcimiento es hacer que la gente pueda vivir sin miedo.<\/p>\n<p>El reconocimiento de los hechos por los autores y de la responsabilidad del Estado, as\u00ed\u00ad como las acciones que ayuden a asumir la verdad como parte de la conciencia moral de la sociedad, son parte de la reparaci\u00f3n de la dignidad de las v\u00ed\u00adctimas y la mejora de la vida de los sobrevivientes.<\/p>\n<p>Las formas de resarcimiento tienen que evitar profundizar las diferencias sociales o introducir nuevos conflictos en familias o comunidades. En muchos casos la gesti\u00f3n de las ayudas conlleva conflictos y est\u00e1 orientada por criterios de legitimaci\u00f3n del Estado.<\/p>\n<p>Todas estas medidas compensatorias no pueden ser desgajadas de otras medidas necesarias como las que tienen que ver con la memoria colectiva o las demandas de verdad y justicia. La participaci\u00f3n de las poblaciones afectadas, su capacidad de decisi\u00f3n, la claridad en los criterios y la equidad de los mismos, as\u00ed\u00ad como su reconocimiento como contribuci\u00f3n &#8211; no sustituci\u00f3n- a la necesidad de justicia, suponen un conjunto de aspectos b\u00e1sicos que las acciones de reparaci\u00f3n deber\u00ed\u00adan tener en cuenta (ODHAG, 1998).<\/p>\n<h2>El futuro de la reconciliaci\u00f3n: Memoria para la prevenci\u00f3n<\/h2>\n<p>Para las nuevas generaciones, el valor de la memoria de sus familiares y los hechos de violencia tiene gran importancia. Los hijos de los familiares asesinados o desaparecidos necesitan entender su propia situaci\u00f3n como parte de un proceso colectivo mayor que evite la estigmatizaci\u00f3n y reafirme su identidad. Con un sentido m\u00e1s social, muchos familiares reafirman el valor de la memoria colectiva transmitida a las nuevas generaciones como una forma de aprendizaje, a partir de la experiencia de sus antecesores, que evite la repetici\u00f3n de la violencia que ellos sufrieron.<\/p>\n<p>El impacto de la distorsi\u00f3n de la memoria en el futuro puede verse tambi\u00e9n en la actual tendencia en Am\u00e9rica Latina a la vuelta al poder de conocidos represores, el aumento de movimientos de extrema derecha o del racismo en Europa, el hecho de que l\u00ed\u00adderes que en el pasado colaboraron con el nazismo o la represi\u00f3n estalinista se erijan en representantes de nuevos nacionalismos, o la transformaci\u00f3n con el paso del tiempo de los instigadores de la guerra en los &#8220;defensores de la paz&#8221;. Todo ello pone de manifiesto el riesgo de que se repitan las atrocidades del pasado y del presente.<\/p>\n<h2>La reconciliaci\u00f3n como proceso<\/h2>\n<p>Las naciones no se reconcilian como pueden hacerlo las personas, pero se necesitan gestos p\u00fablicos y cre\u00ed\u00adbles que ayuden a dignificar a las v\u00ed\u00adctimas, enterrar a los muertos y separarse del pasado. Los dirigentes pol\u00ed\u00adticos pueden influir en ese proceso dif\u00ed\u00adcil que lleva a la gente a saldar cuentas con un pasado colectivo doloroso. No son las v\u00ed\u00adctimas quienes tienen que reconciliarse con los victimarios. Se necesitan gestos p\u00fablicos de \u00e9stos, una pr\u00e1ctica oficial y someterse a la sanci\u00f3n social para ello.<\/p>\n<p>Para hacer ese camino se necesita voluntad pol\u00ed\u00adtica por parte de gobiernos y autoridades. Pero tambi\u00e9n de la fuerza y coherencia necesarias para superar estereotipos y actitudes excluyentes entre distintos grupos sociales o fuerzas pol\u00ed\u00adticas de oposici\u00f3n. Sin un cambio de cultura pol\u00ed\u00adtica no s\u00f3lo disminuyen las posibilidades de unir fuerzas que provoquen cambios sociales, sino que se corre el riesgo de nuevos procesos de confrontaci\u00f3n y divisi\u00f3n que pueden afectar seriamente al tejido social .<\/p>\n<p>Por todo ello la reconciliaci\u00f3n es m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil en: sociedades con grave polarizaci\u00f3n sobre el pasado; cuando no hay nuevos consensos sociales despu\u00e9s de la guerra; si el nuevo marco de convivencia est\u00e1 regentado por los antiguos actores o nuevas fuerzas excluyentes; cuando las comunidades existentes est\u00e1n muy consolidadas en torno a su propia verdad.<\/p>\n<p>En palabras de Ignatieff, reconciliarse significa romper la espiral de la venganza intergeneracional, sustituir la viciosa espiral descendente de la violencia por la virtuosa espiral ascendente del respeto mutuo. La reconciliaci\u00f3n puede romper el c\u00ed\u00adrculo de la venganza a condici\u00f3n de que se respeten los muertos. Negarlos es convertirlos en una pesadilla. Sin apolog\u00ed\u00ada, sin reconocimiento de los hechos, el pasado nunca vuelve a su puesto y los fantasmas acechan desde las almenas. Eso significa poder llorar a los muertos, compartir sus ense\u00f1anzas, ser conscientes de que la violencia no devuelve la vida y devolverles la honra en la lucha por la vida.<\/p>\n<p>El proceso de reconstrucci\u00f3n exige un programa que incluya entonces el tener en cuenta la memoria de las v\u00ed\u00adctimas y llevar adelante medidas para mitigar o reparar el da\u00f1o en lo posible, medidas que acaben con la impunidad, reformar las fuerzas armadas, facilitar la participaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y difundir la verdad en la sociedad, as\u00ed\u00ad como medidas que afronten las ra\u00ed\u00adces econ\u00f3micas y sociales de la violencia.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00ed\u00ada<\/h2>\n<p>Arendt H. (1995): De la historia a la acci\u00f3n. Barcelona: Paid\u00f3s ICE\/UAB.<\/p>\n<p>Galeano, E. (1998): Patas Arriba. La escuela del mundo al rev\u00e9s. Madrid: Siglo XXI.<\/p>\n<p>Ignatieff M. (1999). El honor del guerrero. Guerra \u00e9tnica y conciencia moderna. Madrid: Taurus.<\/p>\n<p>ODHAG, Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala: Informe Proyecto InterDiocesano de Recuperaci\u00f3n de la Memoria Hist\u00f3rica (1998): Guatemala: Nunca M\u00e1s. Vol. I, II y III. Impactos de la Violencia. Tib\u00e1s, Costa Rica: LIL\/Arzobispado de Guatemala.<\/p>\n<p>Sveass, N. (1995): The psychological effects of impunity. En An Encounter at the crossroads of human rigths violations and mental health. Centre for Refugees. Oslo: University of Oslo.<\/p>\n<h2>Notas de Referencias:<\/h2>\n<p>1 En muchos casos se han aprobado leyes, amnist\u00ed\u00adas o indultos para los delitos o cr\u00ed\u00admenes de guerra de las dos partes en conflicto. Sin embargo, en esa categor\u00ed\u00ada no entrar\u00ed\u00adan los cr\u00ed\u00admenes de lesa humanidad ni el genocidio. En muchos casos, los reg\u00ed\u00admenes dictatoriales han otorgado autoamnist\u00ed\u00adas y leyes de punto final que han tratado de mantener un r\u00e9gimen de impunidad. En el caso de la Comisi\u00f3n de Verdad y Reconciliaci\u00f3n de Sur\u00e1frica, los perpetradores deb\u00ed\u00adan presentarse a la Comisi\u00f3n voluntariamente y ser investigados para poder acceder a un indulto individual; en caso de no hacerlo, ser\u00ed\u00adan llevados a la justicia penal para su investigaci\u00f3n y eventual castigo.<\/p>\n<p>2 Recientemente la inquietud de los militares chilenos a ra\u00ed\u00adz de la orden de detenci\u00f3n del general Pinochet y la posibilidad de nuevos juicios por la participaci\u00f3n de militares en un operativo denominado Caravana de la muerte, ha llevado a que el jefe de la Marina Jorge Arancibia proponga crear un organismo para alcanzar un acuerdo sobre el tema de los detenidos desaparecidos durante la dictadura (El Pa\u00ed\u00ads, 19 junio\/99: 10).<\/p>\n<p>3 Un ejemplo de estos problemas en Guatemala han sido los conflictos en comunidades del Ixc\u00e1n, donde la militarizaci\u00f3n y las divisiones pol\u00ed\u00adticas entre la URNG y las Comisiones Permanentes llev\u00f3 a mediados de los a\u00f1os 90 a divisiones comunitarias y conflictos violentos que amenazaron la comnivencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><strong>por Carlos Mart\u00ed\u00adn Beristain<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>El papel de la verdad y la justicia en la reconstrucci\u00f3n de sociedades fracturadas por la violencia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n<p>Tras la finalizaci\u00f3n de conflictos o dictaduras, muchas sociedades se han planteado la necesidad de conocer el pasado, para dar voz a las v\u00ed\u00adctimas cuya experiencia hab\u00ed\u00ada sido silenciada o manipulada y para que la sociedad entera, una buena parte de la cual hab\u00ed\u00ada vivido al margen de esas atrocidades, reconociera lo que hab\u00ed\u00ada sucedido. Ese trabajo ha sido oficialmente encargado a Comisiones de la Verdad que ten\u00ed\u00adan que llevar adelante una investigaci\u00f3n veraz sobre los hechos y un reconocimiento a las v\u00ed\u00adctimas, proponiendo tambi\u00e9n formas de reparaci\u00f3n o de prevenci\u00f3n de las atrocidades en el futuro. 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